Mostrando entradas con la etiqueta paz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta paz. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de enero de 2014

Reacciones de la oposición argentina tras el fallo de La Haya: oportunismo

Mientras en La Habana los presidentes de la región declaraban América Latina como zona de paz y la ONU se congratulaba con una cumbre de democracias capaces de resolver sus diferencias entre sí, surge una falsa polémica fronteriza entre Argentina y Bolivia como para demostrar que somos un país de marrulleros en busca de problemas. Dos cosas se pueden extraer de esto: las fuerzas armadas de la región no son impermeables a las sectas religiosas lo mismo que sectas políticas (ver caso IGlesia de los SAntos de los Ültimos Días --mormones--, adventistas, Halliburton y la presencia y peso que tienen al interior de la US Army, como ejemplo) y parece nomás un hecho innegable que hay presiones empresariales en torno al litio en Argentina, Chile y Bolivia (que tiene la mayor parte de las reservas). Para darnos una idea de lo que es capaz la oposición que enfrenta la señora presidente Cristina Fernández de Kirchner --y en su momento, también el presidente Evo Morales en Bolivia--.




CANCILLERIA EMITIO UN COMUNICADO


Versiones cruzadas por un presunto conflicto fronterizo con Bolivia

La Razón, Argentina

29 ENE 2014
18:01 Familias salteñas del Valle del Silencio denunciaron que autoridades bolivianas las intimaron a desalojar el lugar o cambiar su ciudadanía. Sin embargo, desde el Gobierno negaron que esa zona ahora haya quedado en territorio del país vecino y aseguraron que no hubo modificaciones en el límite internacional.



Dos versiones ante un mismo hecho. Al menos 50 familias salteñas que residen en el Valle del Silencio denunciaron que autoridades bolivianas las intimaron a desalojar el lugar o cambiar su ciudadanía. Sin embargo, desde el Gobierno nacional negaron que esa zona ahora haya quedado en territorio boliviano y aseguraron que no hubo modificaciones en el límite internacional con el país vecino.



"El límite internacional entre Argentina-Bolivia está determinado por el Tratado Definitivo de Límites del año 1925. No se ha modificado, ni existe ningún proyecto de hacerlo, el límite internacional como informan erróneamente algunos medios", sostuvo la Cancillería argentina.



El Ministerio de Relaciones Exteriores remarcó asimismo que "entre la República Argentina y el Estado Plurinacional de Bolivia no hay diferencias en materia de límites fronterizos".



El comunicado fue difundido luego de que el diario "El Tribuno" informó hoy que "más de 50 familias salteñas que residen en el denominado Valle del Silencio, un terreno que siempre se consideró argentino, fueron intimadas a abandonar el lugar por las autoridades de Bolivia, luego de que el límite fronterizo fuese modificado en unos 30 kilómetros en favor del estado presidido por Evo Morales".



De acuerdo al matutino, el conflicto ocurre en el departamento Santa Victoria Oeste de Salta. "Si bien la intimación recayó sobre 17 familias, el desplazamiento al sur de la frontera entre Bolivia y Argentina afecta a más de 50 familias y constituye la pérdida de por lo menos 600 kilómetros cuadrados de territorio nacional", advierte "El Tribuno".



Según esa versión, los pobladores del paraje Abra de Santa Cruz notaron que el hito fronterizo que estaba 32 kilómetros al norte ahora está a solo dos kilómetros de la escuela de la zona. La modificación, de acuerdo al periódico, se habría concretado en el mes de noviembre.

http://www.larazon.com.ar/economia/Versiones-presunto-conflicto-fronterizo-Bolivia_0_537600187.html





SIN ROCES

Bolivia también desmintió un conflicto limítrofe

El canciller boliviano David Choquehuanca negó que existan diferencias con la República Argentina por límites en la frontera entre el departamento boliviano de Tarija y la provincia de Salta. La noticia falsa difundida por varios medios despertó una ola de comentarios xenófobos de los lectores de esos diarios.

La Cancillería boliviana ratificó que está en vigor el tratado definitivo de límites de 1925 entre Bolivia y Argentina, países vecinos con una frontera común de 965 kilómetros. "Estos límites no han sido modificados, así como tampoco existe ningún proyecto de hacerlo", destaca el comunicado oficial.

Ya ayer el Ministerio de Relaciones Exteriores argentino había salido a desmentir una nota del diario salteño "El Tribuno" que luego fue replicada por varios diarios nacionales. El artículo denunciaba que unas 50 familias argentinas fueron intimadas por autoridades del departamento boliviano de Tarija a abandonar sus viviendas en Valle del Silencio, poblado que está en el límite de Argentina y Bolivia.

La Cancillería argentina remarcó que "entre la República Argentina y el Estado Plurinacional de Bolivia no hay diferencias en materia de límites fronterizos".







LA NOTICIA DE UN CONFLICTO LIMITROFE QUE NUNCA EXISTIO DESPERTO EXPRESIONES DE ODIO

De noticias falsas y xenofobia

La Cancillería desmintió cualquier modificación en los límites con Bolivia publicada por diarios y sitios nacionales. Centenares de lectores, mientras tanto, habían reclamado la deportación masiva de extranjeros.



Por Eduardo Videla

La publicación en varios medios de comunicación de un presunto conflicto de límites entre la Argentina y Bolivia, sin la correspondiente verificación con fuentes oficiales, no sólo obligó a la desmentida de los gobiernos de ambos países: antes había generado un torrente de expresiones xenófobas y racistas de los lectores de esos medios convocando a la deportación masiva de inmigrantes de la Argentina. La nota que detonó esas manifestaciones fue publicada por un diario de la provincia de Salta y reproducida por dos medios online de alcance nacional. Decía que habían corrido la frontera con Bolivia “30 kilómetros adentro del territorio salteño” y que las autoridades del país vecino pretendían desalojar a los habitantes argentinos que no adoptaran la nacionalidad boliviana. Desde La Habana, donde participa de la cumbre de la Celac, el canciller Héctor Timerman ratificó que “la frontera entre la Argentina y Bolivia fue establecida y definida en 1925 por un tratado”, que desde entonces “es la misma” y negó que haya un conflicto con ese país (ver recuadro).

La noticia fue publicada primero por El Tribuno, de Salta, y levantada luego por los portales Infobae y La Nación. Ninguno de los artículos citaba fuentes y sólo hacían referencia a vagos testimonios de pobladores no identificados. Pero fueron suficientes para que lectores lanzaran sin filtro sus expresiones más xenófobas, en muchos casos amparados en el anonimato, cuya lectura este diario quiere ahorrar a sus lectores.

También hubo reacciones políticas. El diputado nacional por el Frente Renovador, Alberto Assef, rechazó “en forma absoluta la actitud expansionista” de Bolivia. “Cómo son las cosas, Tarija debió ser argentina y ahora pretende arrebatar territorio de Salta”, comentó. Su par del PRO, Federico Pinedo, también se hizo eco de la información: “Vamos a pedir informes de que se entregaron 28 kilómetros de territorio a Bolivia”, tuiteó.

La Cancillería argentina salió al cruce de la información. Mediante un comunicado, ratificó el límite internacional entre la Argentina y Bolivia, que está determinado por el Tratado Definitivo de Límites del año 1925, que “no se ha modificado ni existe ningún proyecto de hacerlo, como informaron erróneamente algunos medios”. Subrayó además que entre ambos países “no hay diferencias en materia de límites fronterizos”.

La zona del supuesto conflicto es Abra de Santa Cruz, una zona de alta montaña ubicada en el departamento Santa Victoria Oeste, de Salta, en el límite con Bolivia. “La zona es habitada por pueblos originarios y campesinos, que se dedican mayormente al pastoreo y a la siembra”, contó a Página/12 Reina Sotillo, cónsul argentina en Villazón, quien viaja con frecuencia a esa zona.

Desde la embajada argentina en Bolivia ratificaron a este diario que “no se firmaron acuerdos con autoridades bolivianas que hubieran modificado o alterado de alguna forma los límites o los hitos existentes, y por lo tanto no se perdieron 600 kilómetros cuadrados de territorio argentino como fue erróneamente difundido por medios de comunicación, que no verificaron la información con fuentes oficiales”.

La embajada, a cargo de Ariel Basteiro, aclaró que no se corrió un hito demarcatorio, como se informó, sino que se colocó uno nuevo, entre dos existentes, para favorecer la demarcación en una zona donde no hay límites naturales ni físicos. “El límite en la zona Abra de Santa Cruz es un rectilíneo de muchos kilómetros que se acordó en el tratado de 1925 y desde esa fecha no se ha modificado”, explicó Magalí Gómez, vocera de la embajada. “Desde 1940, sobre la línea recta que es el límite entre los dos países, se colocaron seis hitos, de los cuales uno está ubicado en el cerro Peña Orko y otro en el cerro Mecoya, sin existir nunca un mojón ubicado 32 kilómetros al norte de Abra de Santa Cruz”, aclaró.

Según informó la embajada, el 28 de noviembre pasado “la Comisión Nacional de Límites (Conali), de la Argentina, completó la densificación de las señales sobre la línea recta limítrofe, colocando un séptimo hito en el sector Abra de Santa Cruz, dado que, por razones geográficas y climáticas, desde el valle del Río Santa Cruz no se pueden observar los hitos Peña Orko y cerro Mecoya”, los más cercanos, ubicados en la montaña.

Por último, informó que las autoridades argentinas están “en constante comunicación con los pobladores de la zona, no habiéndose constatado que en la región hubiesen sucedido los hechos difundidos por algunos medios de comunicación”.

Lo ratificó ante este diario la cónsul Reina Sotillo: “En 2012, las autoridades de Bolivia querían construir una escuela allí, pero no estaba claro dónde estaba el límite. Entonces se hicieron tomas satelitales y georreferencia para instalar el hito, que se colocó en noviembre. La escuela todavía no se hizo.” Según Sotillo, el pueblo más cercano a la frontera es Abra de Santa Cruz, en la Argentina, donde viven 190 familias, mientras que el asentamiento boliviano más cercano está a unos 50 kilómetros. “De todas maneras, hay familias entre ellos, sin importar las nacionalidades”, concluyó.



http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-238779-2014-01-30.html





“No se modificaron los límites”

Por Victoria Ginzberg

Desde La Habana

El canciller Héctor Timerman desmintió que se hayan modificado los límites con Bolivia y ratificó que la frontera es la que fue determinada por el Tratado Definitivo de Límites del año 1925. “No se modificaron los límites, ni hay ningún proyecto para hacerlo. Ni hay un conflicto con Bolivia”, dijo ayer Timerman desde la cumbre de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) que se realizaba en La Habana. “La frontera entre la Argentina y Bolivia fue establecida y definida en el año 1925 por un tratado entre los dos países, eso es inmodificable a menos que haya un nuevo tratado, y no hay ningún nuevo tratado”, reiteró el canciller, quien reveló que conversó con Evo Morales por este tema a raíz de algunas noticias que estaban llegando desde Buenos Aires y el presidente boliviano no tenía idea de a qué se refería y se mostró muy sorprendido. “Será por ignorancia o por deseo de crear conflictos donde no los hay”, dijo el canciller al ser interrogado acerca de por qué se habría generado esta información. De hecho, en noviembre pasado, explicó el ministro, se “intensificó la frontera”, lo que significa que se pusieron mojones más seguidos para señalizar los límites.

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/238779-66665-2014-01-30.html

sábado, 30 de enero de 2010

Humanismo: paz y verdad

Larga vida a Kenzaburo

Por Juan Forn
El artículo noveno de la Constitución japonesa es único en el mundo: estipula que Japón no puede tener fuerzas armadas. Como bien se sabe, esa Constitución fue redactada después de la rendición de Hirohito en 1945, momento en el que “era un imperativo moral para el Japón demostrar que renunciaba para siempre a la guerra”, según las famosas palabras que pronunció Kenzaburo Oé cuando recibió el Premio Nobel de Literatura en 1994. Por eso cada vez que la comunidad internacional “sugirió” en los últimos tiempos a Japón que debía ofrecer efectivos militares a las brigadas internacionales cuya presunta función es “preservar” o “restaurar” la paz en el mundo, Oé alzó su voz en contra. Y cuando la derecha japonesa intentó ampararse en esas presiones de Occidente para derogar el Artículo 9, Oé creó una asociación en defensa de ese artículo de la Constitución. Aunque sólo logró siete mil firmas de apoyo, cifra más que exigua en Japón (baste mencionar que cada libro de Oé que se publica allí tiene una tirada inicial cinco veces superior, y eso que Oé no es precisamente un autor de éxito en su país), eso no ha impedido que la derecha japonesa pusiera en marcha una sonada causa judicial contra él, en la que según ellos está en juego el honor militar de la nación, mancillado por Oé en su libro Notas de Okinawa, de 1970.
Oé ha declarado famosa y repetidamente (la última vez ante al tribunal de Osaka que lleva la causa contra él): “Mi vida está marcada por tres eventos: el nacimiento de mi hijo con daños mentales permanentes en 1963, el viaje que hice a Hiroshima al año siguiente y el que hice a Okinawa dos años después. Todo mi trabajo intelectual se sostiene en esos tres pilares. Y me enorgullece que el resultado literario de esas tres experiencias, la novela Una cuestión personal y los ensayos Notas de Hiro-shima y Notas de Okinawa, pudieran publicarse y puedan leerse hasta hoy en mi país tal como los escribí”. Ríos de tinta han corrido en el mundo sobre el modo en que Oé escribió sobre su hijo en Una cuestión personal. Mucho menos se sabe sobre los dos ensayos (de hecho, ni siquiera están traducidos a nuestro idioma). En el libro sobre Hiroshima, Oé hacía foco en la traumática manera en que Japón lidiaba con los sobrevivientes de la bomba atómica. En el de Okinawa, trataba una materia aun más volátil: la manera en que su país recordaba los “suicidios en masa” de civiles en las islas okinawenses, ante la llegada de las tropas norteamericanas, cerca del fin de la guerra.
Oé había descubierto con horror, al visitar en 1965 el templo en honor a las víctimas en Yasukuni, que se las honraba como combatientes de guerra (aunque la mayoría de las setecientas víctimas eran no sólo civiles sino mujeres, ancianos y niños). Lo ocurrido en aquellas abominables jornadas de 1945 fue que las tropas imperiales, en su repliegue, ordenaban a los civiles de cada aldea que se suicidaran antes de caer en manos del invasor, en algunos casos entregándoles granadas de mano, en otros obligando a los jefes de aldea a arrear a la población hasta los acantilados para que se arrojaran todos al vacío. Oé sostenía en su libro que era una falacia moral llamar “suicidios en masa” a aquellas muertes inducidas y que era indispensable para la memoria colectiva japonesa que no se callara lo que había ocurrido realmente. Siguiendo al libro de Oé y al monumental trabajo del historiador Saburo Ienaga (La Guerra del Pacífico), los manuales de historia que utilizan los estudiantes japoneses desde 1970 se refieren al episodio como “los suicidios en masa inducidos por el ejército imperial”. Así se mantuvieron las cosas hasta que en el año 2004, los descendientes de uno de los comandantes militares de Okinawa durante la guerra se presentaron en los tribunales japoneses y, amparándose en un libro de 1973 de la historiadora revisionista Ayako Sono (La historia detrás de un mito), exigieron que se retiraran inmediatamente de circulación en todo Japón esos manuales de historia y que Oé les pagara 200 mil dólares en resarcimiento por las calumnias que contenía su libro sobre Okinawa.
Asombrosamente, el poderoso equipo legal armado para sustentar el reclamo, compuesto por conspicuos personajes de la derecha y del lobby promilitar japoneses, fundamentó la causa en un párrafo del libro de Sono en el que, malinterpretando arteramente palabras de Oé, sostenía que éste acusaba de genocidio al comandante Akamatsu. En realidad, Oé se había cuidado bien de dar nombres en su libro: según él, no se trataba (en 1970, veinticinco años después de los hechos) de hacer condenas individuales sino de lograr que el pueblo japonés entendiera cabalmente que el espíritu militarista que había regido al país era una aberración que no debía repetirse jamás. Dos episodios inquietantes parecieron anticipar una derrota judicial de Oé: el diario conservador Yomiuri Shinbun reprodujo en primera plana unas declaraciones hechas en el estrado por la historiadora Sono (en realidad se había limitado a leer un párrafo de su libro de 1973, donde decía: “Lo que encuentro incomprensible es por qué, tanto tiempo después de la guerra, el señor Oé insiste en cuestionar la pureza del gesto de todas esas personas que eligieron morir por la patria y pretende hacernos creer que fue un acto realizado a la fuerza”); acto seguido, el Ministerio de Educación decidió de motu proprio retirar de currícula aquellos manuales de historia que mencionaban “los suicidios en masa inducidos por el ejército imperial”.
Para sorpresa y alivio de muchos, cuando finalmente se conoció el fallo del tribunal de Osaka fue favorable a Oé: se desestimó la demanda y se ordenó que aquellos manuales volvieran a integrar la currícula de las escuelas japonesas (lo que generó que más de cien mil personas salieran a festejar por las calles de Okinawa, la mayor manifestación de su historia). Los litigantes, sin embargo, han logrado que se les conceda una apelación y el proceso, que ya lleva seis años, se prolongará cuanto menos por tres años más. Oé, quien cumplirá los setenta y cinco este domingo 31 de enero, declaró que sólo le importa tener tiempo en este mundo para poder hacer dos cosas: una de ellas es llegar vivo al momento en que la Corte Suprema japonesa se expida sobre el caso; la otra es escribir una novela que cuente la historia del Japón moderno (desde que comenzó a manifestar sus primeros signos imperialistas de conquista hasta el derrumbe de la burbuja de bienestar económico en 1990). Con la siguiente salvedad: el narrador, el punto de vista de esa historia, será el de su hijo Hikari, el disminuido mental que logró aprender música gracias a su asombrosa capacidad para imitar el canto de los pájaros y cuyas piezas han sido ejecutadas por Rostropovich y Martha Argerich. Difícil imaginar un libro más valioso, y más difícil de tragar, para el Japón de hoy.