miércoles, 17 de junio de 2020

El feliz cumple 70 de Humberto Quino

En un ambiente tan cargado de solemnidad, la presencia irreverente del poeta paceño Humberto Quino se agradece. Coincidiendo con su vuelta número 70 a nuestra estrella el Sol, la pandemia del covid-19 se propaga con frenesí entre nosotros, simples mortales (alguien dice que lo de corona es un albur religioso de la secta coreana que nos exportó el virus de Wuhan al resto del mundo). Con humildad y calvicie de monje tibetano, el poeta también piensa en nosotros y nos regala con su sabiduría. Feliz cumple Humberto. Peace and love. -FFO
"ALGUIEN PIENSA EN MI". HUMBERTO QUINO, el poeta poseído en un rosario de manías. Festejó sus 70 y fue entrevistado por Moreira y Maldonado.

lunes, 15 de junio de 2020

Por: Rery Maldonado G. y Carlos Moreira F.-


Como si se tratara de un presagio, Humberto Quino Márquez nació en La Paz un Día del Maestro boliviano, el 6 de junio de 1950. Para quién no lo conozca, debo decir que es uno de mis poetas nacionales favoritos y que hace muchos años que el día de su cumpleaños se ha convertido en una romería de escritores, intelectuales y artistas. En una visitita obligatoria al popular barrio de Llojeta, donde vive hace ya algún tiempo.


Es justamente en fechas como esta que se hace todavía más evidente la fuerte impresión que va dejando su trabajo y su figura en quienes hemos tenido el privilegio de leerlo y más de conocerlo, a medida que crecíamos. Yo me lo encontré por primera vez a los 16 años y recuerdo que pensé literalmente: Esto es un poeta, ahora no tengo más remedio que reconocer que fue una certeza que me marcó para siempre y como a mí, a decenas de escritores jóvenes, amigos y fans, que cada 6 de junio llegamos desde los cuatro puntos cardinales de la ciudad a festejar con él el privilegio de su compañía.


Gran conversador y con un humor subversivo, siempre es un placer ser admitida en su impresionante biblioteca, donde con frecuencia una se lo encuentra en buena compañía. Entre los recuerdos más apreciados que tengo está el de haber sido testigo mudo de una conversación entre él y Julio Barriga, es decir: dos de los poetas bolivianos que más respeto, porque todavía al recordarla me muero de risa.


Para mí es difícil tener una distancia crítica con la obra de Humberto, pues la considero esencial en mis gustos y afectos desde una edad muy temprana, por esta razón invité a Carlos Moreira, abogado y estudioso de la obra de Quino Márquez, (Actualmente escribe su tesis en la Maestría de Literatura Boliviana y Latinoamericana de la UMSA sobre el poeta), a escribir un texto, que el lector encontrará más abajo. 


El gran poeta paceño cumplió 70 años en plena pandemia y por mi parte, sólo quería rendirle un pequeño homenaje con la entrevista que viene a continuación, en nombre de todos los que no pudimos ir a darle un abrazo. 



“Alguien piensa en mí


Cada vez que despierto


Como un mamífero huraño”








“Escribo, fornico, luego existo”


Breve entrevista personal con el gran poeta paceño Humberto Quino Márquez, en festejo virtual por su cumpleaños número 70. Mordaz e irreverente como siempre.


Humberto, ¿eres más de gatos o perros?


Nuestra autosuficiencia nos impide identificarnos con animales tan nobles como son los gatos y los perros. Y brota el escándalo en las nobles almas cuando sienten que la domesticación nos hermana a los gatos y los perros. Lastrados y confusos, la normalidad burguesa nos corroe.


Siempre me han fascinado los filósofos de la secta del perro (precursores de los estoicos y los epicúreos), esos griegos mordaces, irónicos y cínicos, que denunciaban la falta de libertad auténtica y reivindicaban la autonomía del individuo frente a la moral y la sociedad establecida. 


En mi funambulesca juventud, Diógenes de Sinope era mi dios. En homenaje a él, creamos el sello editorial PERRO CELESTIAL.


¿Qué cosas te gusta hacer que al parecer no le gustan a nadie más?


Este rosario de manías que me poseen, son comunes, a mi pesar: leer, escribir de vez en cuando, fornicar y tomar helados con sabores etílicos.


¿Cuándo y cómo te diste cuenta de que eras poeta? ¿Es algo que se sabe? ¿Cómo empezaste a escribir?


Cuando tenía 6 o 7 años, sentí la escuela como un latigazo, salir de un útero confortable, donde era mimado y era un pequeño reyezuelo, era el único varón, produjo la primera fractura en mi ser, mi impotencia me llevo a la rebeldía. A declararle la guerra al mundo externo, porque encontraba la hipocresía, la mentira, el abuso, como normas que regían esta sociedad. Entonces empecé a escribir diatribas, insultos, como algunos niños suelen hacer oralmente, yo los escribía porque me parecían más contundentes.


Cuando era adolescente y sentía mi inutilidad, empecé a leer poesía y me fascino ese mundo de palabras, así como los diccionarios. Así comenzó este largo extravío.


¿Tienes una palabra favorita o alguna manía a la hora de escribir?


Mi palabra favorita es clítoris, esa varita mágica que me lleva al orgasmo cerebral.


¿Para qué/ por qué la poesía? Cumples 70 años, ¿qué ha significado/ significa en tu vida?


Siete décadas de baldíos intentos por elaborar una poesía que sea mínimamente rescatable. Alguna pequeña alegría se filtra en mi oscuro cerebro, cuando algún verso me satisface. Sin la poesía mi vida sería un vía crucis de académico.


Si tuvieras que circunscribir tu poética a cinco líneas: ¿Cómo la describirías? ¿Cuál es tu “Suma Poética”?


Escribo, fornico, luego existo.


Has escrito muchos epitafios, ¿Qué tendría que decir el tuyo?


Dos epitafios:


A) Leí en un cementerio catalán: Aquí descansa Humberto Quino, nunca hizo en su vida otra cosa.


B) ¡Aguarden muchachos, lo peor está por venir, mientras yo me diluyo con alegría!


¿El poeta es un ser político?


Es un lugar común, decir que el hombre como ser social, también es un ser político. Siento mucha repugnancia por esa fauna de politiqueros, que nos gobernaron y nos gobiernan. Empezando por el “jefazo” ignaro e imbécil, que nos llevó a este calamitoso estado.


¿Cómo ves el futuro de Bolivia después de la pandemia? ¿Lo que estamos viviendo va a ser un cismo cultural?


Después de esta pandemia china que nos mantuvo enjaulados durante semanas, habrá menos seres humanos (dicen que los mejores se van) y el comportamiento gregario seguirá por su cauce normal. Los pobres se multiplicarán y los ricos se refocilarán en su hartazgo.


Un poema de otro autor que te guste mucho (sería…)


Yo que todo lo prostituí/ Aún puedo prostituir mi muerte / y hacer de mi cadáver mi último poema. Leopoldo María Panero.


Porque ser poeta / exige dejar de ser 


*por Carlos Moreira Fuentes


Un encuentro fortuito al que sin justa razón llamaré destino, me acercó por primera vez a Humberto Quino Márquez. Fruto de una amena conversación, fue natural sucumbir ante el carisma del poeta; por lo demás, atribuyo a un impulso inevitable, el trabajo que vengo desarrollando para optar al título de magister en literatura.


Situar la obra de Humberto Quino en la literatura boliviana es el objetivo central de la investigación. Como apunta Virginia Ayllón, son escasos los estudios críticos sobre la obra poética de Quino, no obstante, existen dos elementos coincidentes en el análisis de renombrados autores: el anarquismo como energía desacralizadora y creadora expresada desde el lenguaje y las corrientes filosóficas reflejadas en la escritura a lo largo de la obra. 


El origen del pensamiento anarquista podría situarse en los cínicos presocráticos. El cinismo filosófico propone un saber insolente que opone la hipocresía a las costumbres del perro, por otro lado, parafraseando a Capelleti, uno de los principios fundamentales de la estética anarquista es la concepción del arte como libertad creadora. 


Si bien los poemas de Quino reflejan ciertos rasgos violentos, aquello puede ser atribuible a un nihilismo guerrillero que inicia la denuncia ante la ausencia de insurrección, el poeta anarquista se revuelca en su impotencia y su fracaso, pero posee conciencia absoluta de que solo le queda el lenguaje:


Nos arrebataron nuestro cansancio


Nuestra miseria


Se regocijaron con nuestra lepra


Todos nos han puesto zancadillas


                          El letrado


                                    Y el funcionario


                                    El gentilhombre


                                 Y el comisario



Para Humberto Quino, la poesía es un espacio abierto a las posibilidades. A lo largo de 46 años, el artista esculpió minuciosamente la imagen de un poeta que despliega una furia verbal en los primeros poemarios:


¡Ah sucios maniquíes!


Plato de pescados con boinas


Amantes del raquítico miedo


Sin los tanques


Jamás silbarían jamás


¡Ah plácida bestia!


¡Coronel Chatarra!



Y que proyecta una imagen ambigua y desesperanzada en los libros finales. Como en Heráclito, el poeta sufre el devenir del tiempo, la transformación del ser en movimiento, la inevitable muerte, lo cual lo llena de una profunda angustia:


Cuando hayas abandonado tu cuerpo


Viejo poeta


Y seas una estatua de arena


Las renacidas ramas cubrirán tu canto


Tu marchita corona.


Viejo poeta


Cuando seas un desvarío sobre un peldaño


Cuando hayas abandonado tu cuerpo y tu rocín.



Quino ejerce la desesperanza hasta las últimas consecuencias: Y nada hay / Que pueda consolarnos / De andar sin alas / Criaturas de la huida. Paradójicamente, es el fuego auténtico de una poética que nace de la intemperie, de la ciudad en decadencia, de una escritura que estalla por la necesidad creadora, que arrasa con todo para dejar de existir. 


*Carlos Alberto Jesús Moreira Fuentes


Abogado y defensor de defensores de mujeres perdidas.







DE CÓMO UN DINOSAURIO CAMBIA DE NOMBRE Y ESTADO Y SE REENCARNA EN UN MONJE BUDISTA O NOTICIA DE UN ENCIERRO 


Las constelaciones son capillas ardientes / Las ciudades vacías meteoritos de silencio / Y nosotros 


una sinfonía de bocas entreabiertas. 


Y tu desastrado cuerpo brota de una camisa de fuerza / y tu voz es oscura en estas calles desiertas. 


Son demasiados muertos en esta ubre del desamparo.


Gracias por los santos días de alegría ¡llenos!


Lloremos por la vida derramada / Por los libros no leídos/ Por el alcohol derramado en las madrugadas / Por la mujer que nos amó y no supimos amar.


¡Qué fuego nos quemará!


¡Qué peste nos purificará!


¡Qué viento nos arrojará a la fosa común!



Santo Humberto de Aquino, Marquéz de Tambillo.


Lhasa-Llojeta - Mayo-2020



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Publicado en Cabildeo: http://www.cabildeodigital.com/2020/06/alguien-piensa-en-mi-humberto-quino-el_15.html?fbclid=IwAR1-EjJ-uhFKZ4CmK57GQXYd8zhqIB32wVANxC-cLa8RSQ04bCEpF4Rz9BQ&m=1

jueves, 19 de diciembre de 2019

jueves, 10 de octubre de 2019

Peter Handke, Nobel de Literatura 2019

Cuando el niño era niño,

andaba con los brazos colgando,

quería que el arroyo fuera un río,

que el río fuera un torrente,

y este charco el mar.

Cuando el niño era niño,

no sabía que era niño,

para él todo estaba animado,

y todas las almas eran una.

Cuando el niño era niño,

no tenía opinión sobre nada,

no tenía ningún hábito,

frecuentemente se sentaba en cuclillas,

y echaba a correr de pronto,

tenía un remolino en el pelo

y no ponía caras cuando lo fotografiaban.

Cuando el niño era niño

era el tiempo de preguntas como:

¿Por qué yo soy yo y no soy tú?

¿Por qué estoy aquí y por qué no allá?

¿Cuándo empezó el tiempo y dónde termina el espacio?

¿Acaso la vida bajo el sol es tan solo un sueño?

Lo que veo oigo y huelo,

¿no es sólo la apariencia de un mundo frente al mundo?

¿Existe de verdad el mal

y gente que en verdad es mala?

¿Cómo es posible que yo, el que yo soy,

no fuera antes de existir;

y que un día yo, el que yo soy,

ya no seré más éste que soy?

Cuando el niño era niño,

no podía tragar las espinacas, las judías,

el arroz con leche y la coliflor.

Ahora lo come todo y no por obligación.

Cuando el niño era niño,

despertó una vez en una cama extraña,

y ahora lo hace una y otra vez.

Muchas personas le parecían bellas,

y ahora, con suerte, solo en ocasiones.

Imaginaba claramente un paraíso

y ahora apenas puede intuirlo.

Nada podía pensar de la nada,

y ahora se estremece ante a ella.

Cuando el niño era niño,

jugaba abstraído,

y ahora se concentra en cosas como antes

sólo cuando esas cosas son su trabajo.

Cuando el niño era niño,

como alimento le bastaba una manzana y pan

y hoy sigue siendo así.

Cuando el niño era niño,

las moras le caían en la mano como sólo caen las moras

y aún sigue siendo así.

Las nueces frescas le eran ásperas en la lengua

y aún sigue siendo así.

En cada montaña ansiaba

la montaña más alta

y en cada ciudad ansiaba

una ciudad aún mayor

y aún sigue siendo así.

En la copa de un árbol cortaba las cerezas emocionado

como aún lo sigue estando,

Era tímido ante los extraños

y aún lo sigue siendo.

Esperaba la primera nieve

y aún la sigue esperando.

Cuando el niño era niño,

tiraba una vara como lanza contra un árbol,

y ésta aún sigue ahí, vibrando.

(Publicado en Verne, El País de España)

domingo, 28 de abril de 2019

Sobre Magris


La esperanza siempre está en el pasado
viernes 05 de abril de 2019 - 07:24

La esperanza siempre está en el pasado

Representante insustituible de las letras europeas contemporáneas, el escritor italiano Claudio Magris se acerca a las ocho décadas de existencia con una nueva entrega editorial: un breve volumen de relatos en que da muestra de sus extraordinarios dones para la fabulación.

Héctor Orestes Aguilar

Ayer comenzó a circular en librerías italianas un nuevo libro de Claudio Magris titulado Tempo curvo a Krems, breve volumen de relatos de 96 páginas, aparecido en “La biblioteca della spiga”, de la editorial Garzanti. Es un regalo por partida doble. Tanto para los miles de lectores malacostumbrados a una entrega anual o bianual con la firma del escritor triestino, como para el propio autor, quien cumple 80 años el miércoles 10 de abril próximo.

En el repertorio de Magris, Krems, tiempo circular —habrá que meditar y elegir con extremo cuidado la traducción al español del título, pues dará un matiz decisivo al conjunto— ocupa el decimotercer lugar en la lista de las obras narrativas, si se considera Instantáneas (2016), recuento de viñetas, estampas y apuntes aún no traducido a nuestra lengua, como prosas de ficción. En el registro integral del opus magrisiano, estaría entre el lugar 39 y 42, dependiendo de la cuenta que se lleve, sobre todo si se atienden los libros en coautoría y los publicados directamente en otra lengua, como Wer steht auf der anderen Seite?, aparecido bajo el sello de la Residenz Verlag en 1993, donde tan solo se recogió el discurso de apertura del Festival de Salzburgo del año previo, ofrecido directamente en alemán.

Tomando en cuenta la tesis de doctorado y primer gran libro de Magris como inequívoco punto de partida, hablamos de 56 años de trayectoria frente al público: El mito habsbúrguico en la literatura austriaca moderna apareció por primera ocasión en 1963, en una hermosa edición ilustrada de Einaudi que le ganó, casi por unanimidad, un lugar notable en la germanística internacional. Publicar esa monografía sobre la cultura literaria, la civilización, la mentalidad y el pulso estético de la Monarquía dual fue para su autor, como se lo escribió su maestro Cesare Cases, el haber modelado un Golem y echarlo a andar sin saber, bien a bien, lo que sucedería más tarde.

A lo largo de más de medio siglo de obras eruditas, innovadoras, de una curiosidad intelectual muy distinguida; de libros con diversa naturaleza, templados desde la columna que mantiene periódicamente en Il Corriere della Sera, pasando por novelas que han continuado y aumentado la dimensión épica de Danubio, como No ha lugar a proceder,para llegar a obras de teatro que son, en al menos dos casos, relatos escénicos, Magris ha construido muy diversos registros, puntos de vista y tratamientos en su escritura.

No es un asunto menor para la crítica, pues durante mucho tiempo se le consideró el gran experto en letras alemanas que había dado el salto de la academia hacia un tipo de ensayo de crítica cultural con abiertas intenciones narrativas, para luego convertirse en un novelista de episodios oscuros, perdidos u olvidados, de la historia centroeuropea. No le resulta nada fácil, a quienes se han ocupado de examinar el desarrollo de su obra, ubicar en un sitio estable o definido a un creador tan camaleónico como Claudio Magris.

Ernestina Pellegrini, una de las mejores conocedoras de su trayectoria, escribió un concienzudo prólogo al primer volumen de las Obras de nuestro autor, impreso en una edición exquisita en papel biblia por Arnoldo Mondadori. Allí, la estudiosa hizo apuntes muy lúcidos, de los cuales parafraseo sólo dos para estas líneas celebratorias. Primero, señalar que el triestino fue, durante la época que transcurrió entre la canonización de su tesis doctoral hasta la aparición de su excepcional biografía intelectual de Joseph Roth,Lejos de dónde, un novelista “reprimido”, de cierto modo un escritor que vivía en la semiclandestinidad. A partir de entonces, Magris pasó de practicar el ensayo —de suyo un antigénero, nutrido y contaminado con muchas formas literarias e incómodo para la industria editorial, las necesidades de catalogación de los libreros y las limitaciones de no pocos críticos ortodoxos— a desplegar estrategias narrativas más explícitas y ambiciosas.

Segundo: una vez que Magris coloca una idea, una historia o un personaje bajo la lupa, comienza un trabajo de búsqueda y sondeo que puede llevarle años o decenios. El tema aparece y reaparece en artículos, ensayos, ponencias. Transita de libro en libro, con diferente apariencia. Puede acrecentarse o volverse más preciso. En ocasiones desaparece por largo tiempo y regresa elaborado de manera definitiva. Cada versión o tratamiento forma parte de un mosaico mayor.

En ese orden de cosas, las colaboraciones que el autor de Danubio empezó a publicar a partir de 1959 en revistas italianas como Lettere Moderne, Lettere Italiane, Rivista di Estetica, Il Veltro o Umana, y luego sus esporádicas colaboraciones desde 1961 en Il Piccolo di Trieste y en la Gazzetta del Popolo, anunciaban que se convertiría, también, en un escritor que “ensaya” con la profundidad de un docto, pero con la garra de quien sabe estar escribiendo para seducir y ganar al lector de un periódico. Aun en el espacio corto, Magris era capaz, desde sus remotos pininos, de generar una tensión inevitable entre su prosa y sus lectores.

Krems, tiempo circular, comprueba esta hipótesis. Compila cinco relatos que tienen en común a la vejez, gran tema de la literatura triestina. Pero aquí no se trata, como en los grandes clásicos de Italo Svevo Senilidad o la obra teatral La regeneración (mejor dicho: El rejuvenecimiento), de una incursión en las sinuosidades anímicas de personajes y situaciones, su análisis, parodia o traducción a comedia.

Estamos otra vez más ante un Magris distinto pero reconocible en sus fuentes, más próximo a la literatura fantástica de tradición praguense, la de los Perutz y Hrabal, por supuesto, sobre los que ha ensayado varias veces, pero también muy cerca de Alexander Lernet-Holenia, a quien le dedicó un segmento del Mito habsbúrguico. Vale decir: estamos ante relatos donde las identidades, los escenarios y los tiempos son borrosas, imprecisas, indefinibles.

Estos relatos transcurren en periodos no sincronizados con fechas fijas. Tenemos a un viejo industrial; a un profesor de música; a un intelectual triestino que acaba de dar una conferencia sobre Kafka en Krems, diminuta población de Austria, la clásica “pequeña ciudad donde el tiempo se detuvo”, y quien después de una caminata nocturna por calles cubiertas de nieve se encuentra con una vieja, entrañable amiga…que jamás ha conocido.

Los personajes de Magris también se mueven entre épocas. Desplazados de un periodo histórico que pareciera haberse desvanecido hace muy poco, son la nostalgia de su nostalgia. Hay uno que es sobreviviente de la Primera Guerra Mundial y de la época de esplendor del imperio austrohúngaro, quien presencia el rodaje de una película dedicada a una historia en la que aparecen él y sus amigos. Es muy curioso este juego de espejos: apenas el 30 de enero pasado se estrenó el largometraje I nomi del Signor Sulčič, de la realizadora Elisabetta Sgarbi, donde actuaron Claudio Magris y su primo y amigo Giorgio Pressburger, ya fallecido, otro de los grandes escritores triestinos de nuestro cambio de siglo. Escribí intencionalmente “actuaron”, porque no se representan a sí mismos o aparecen de manera incidental, sino que interpretan a curiosos personajes de una especie de “road movie” de la memoria. Para no variar, un viaje en búsqueda de las propias raíces identitarias, a través de recuerdos personales y colectivos, entre espías nacionalsocialistas, fascistas, milicianos a las órdenes de Tito y caracteres con identidades verdaderas y falsas. Padres e hijos presuntos o verdaderos. Una cinta que Lernet-Holenia habría celebrado, sin duda alguna.

El tiempo de los relatos de Magris es curvo, convexo, torcido, sinuoso, redondo… nunca lineal. El pasado no es un país remoto. Es el único lugar que alberga aún cosas por descubrir. Para los ancianos protagonistas, no se trata únicamente de la “única patria recuperable” sino de un terreno incógnito. Esperanzador. Recuperar lo vivido y no vivido es la mejor manera de reinventarse. De perpetuarse. La memoria es la ficción más depurada, fina y legítima, piensa uno al leer estas páginas.

Krems es una ciudad de Baja Austria, muy cercana a Viena; carece de la fama internacional de Salzburgo, Linz, Klagenfurt o Graz. En su parcial anonimato, sus discretas dimensiones y sus secretos encantos, quedará asociada a partir de ahora a la comarca de lo fantástico. Celebremos que Claudio Magris cumpla 80 años entregándonos una de sus más sutiles e íntimas contribuciones a la exploración de ese territorio.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Última entrevista dada por Amos Oz a El País (QEPD)

Amos Oz: “No he visto nunca un fanático con sentido del humor”

El escritor más reconocido en lengua hebrea publica 'Queridos fanáticos', un libro en el que condensa en forma de cuento lo que ha aprendido sobre la vida

JUAN CARLOS SANZ

11 MAY 2018 - 23:49 CEST

Parece el mismo de hace tres años, pero su voz se pierde a menudo en la grabadora entre el ronroneo de su gato ­Freddie. “Mi salud ya solo me permite viajar con la imaginación”, se excusa el escritor más reconocido en lengua hebrea. Amos Oz(Jerusalén, 1939) comienza una conversación con Babelia en su casa de Tel Aviv sobre los zelotes, extremistas y sectarios que prefieren observar un mundo complejo de la forma más simple, aunque termina reconociendo que su último libro, Queridos fanáticos, es en realidad un legado: “Se lo he dedicado a mis nietos. He concentrado lo que he aprendido en la vida, pero no de una manera abstracta, sino como un cuento”.

PREGUNTA. ¿Por qué ha recuperado discursos de hace tres lustros?

RESPUESTA. Es una revisión de mis conferencias de 2002 en Alemania. Hay una nueva aproximación. Lo más peligroso del siglo XXI es el fanatismo. En todas sus formas: religioso, ideológico, económico…, incluso feminista. Es importante entender por qué regresa ahora. En el islam, en ciertas formas del cristianismo, en el judaísmo…

P. Escribe sobre su tierra. ¿Oriente Próximo es la cuna del fanatismo?

R. Es una idea común, pero no creo que sea verdad. El auge del fanatismo y el racismo en Estados Unidos es mucho más peligroso. Existe fundamentalismo en Rusia y en el este de Europa. También es peligroso el fanatismo nacionalista en Europa Occidental.

P. ¿Compartimos ese pecado original?

R. Creo que hay un gen fanático en casi todos nosotros. Es la tendencia del ser humano de intentar cambiar a los demás. Les decimos a los niños: “Tienes que ser como yo”. Eso es muy común.

P. Usted razona sobre un fanatismo universal.

R. Cuanto más complejos se van haciendo los problemas, más y más gente está hambrienta de respuestas muy simples. Una fórmula que lo cubra todo. Pero muy a menudo se trata de mensajes fanáticos. Por ejemplo: “Todos nuestros problemas se deben a la civilización occidental”, o “nuestros problemas se deben al fundamentalismo islámico”, o “tienen su origen en la globalización” o “en el sionismo”…

P. Usted fue un muchacho fanático.

R. Un pequeño extremista, educado en una convención de nacionalismo y sionismo. “Los judíos tienen razón, nuestros enemigos están equivocados. Somos los buenos de la película y los otros son los malos”. Así de simple.

“Una nueva fragmentación de Europa no me hace feliz, pero si una mayoría del pueblo en Cataluña quiere vivir por su cuenta, lo hará”

P. ¿Cómo se cura el fanatismo?

R. Hay que tener curiosidad. Ponerse en la piel del otro. Aunque sea un enemigo. La receta es imaginación, sentido del humor, empatía. Pero no para contentar al otro. No soy como Jesucristo y no pido poner la otra mejilla. Lo mío es intentar imaginar qué hace al otro actuar de determinada forma.

P. Usted escapó de la atmósfera de su Jerusalén natal. ¿Es difícil no acabar siendo un fanático en esa ciudad?

R. Amo Jerusalén. Pero necesito mantener una cierta distancia. Es demasiado conservadora, en términos de ideología o religión. En Jerusalén casi todo el mundo tiene una fórmula personal para la salvación o la redención. Cristianos, musulmanes, judíos, pacifistas, ateos, racistas, todo el mundo.

P. Nació en un barrio que hoy es ultraortodoxo.

R. Entonces era de clase media baja. Había religiosos, pero también comunistas y algún anarquista. Y nacionalistas. Era un barrio interesante porque la gente discutía a todas horas.

P. ¿Una característica más bien jerosolimitana?

R. Es israelí, en general, aunque resulta más evidente en Jerusalén. Cualquier parada de autobús puede convertirse en un seminario académico. Completos desconocidos discuten de política, moralidad, religión, historia o sobre cuáles son las verdaderas intenciones de Dios. Pero nadie quiere escuchar al otro, todos creen tener la razón.

P. En el Estado judío, donde la religión es un signo identitario, ¿cómo vive un laico, un ateo?

R. Mi problema no es la religión, sino el fanatismo religioso. No es el cristianismo, sino la Inquisición. No es el islam, sino el yihadismo. No es el judaísmo, sino los judíos fundamentalistas. No es Jesucristo, sino los cruzados.

P. Un Gobierno ultraconservador en Israel, Trump en la Casa Banca, ¿una era propicia a la intransigencia?

R. La mayor parte del mundo se está moviendo rápido desde una perspectiva compleja a otra muy simplista. Pasa también en la izquierda radical.

P. El nacionalismo, el conflicto palestino, ¿no han condicionado esa visión en Israel?

R. Es natural. Cuando un maldito y cruel conflicto dura más de cien años hay heridas en ambos bandos. Oscuras imágenes del otro. Hay gente sentimental en Europa que cree que todo puede arreglarse charlando y tomando un café, con la idea de que en el fondo todo es un malentendido. Un poco de terapia de grupo y tan amigos. No. Hay conflictos que son muy reales. Cuando dos hombres aman a la misma mujer. O dos mujeres al mismo hombre. Eso no se puede solucionar tomando un café. El conflicto entre israelíes y palestinos es real.

P. ¿Hace falta un divorcio: dos Estados?

R. Básicamente es eso. La casa es muy pequeña. Tenemos que hacer dos apartamentos. Israel y, en la puerta de al lado, Palestina. Luego tendremos que aprender a decirnos “buenos días” en la escalera. Más tarde podremos ir de visita, a tomar café a casa del otro… Y hasta cocinar juntos: un mercado común, una federación o confederación…, pero antes hay que dividir la casa… En el fondo todos saben que la única solución posible es la de los dos Estados. Aunque no les gusta. Para palestinos e israelíes es como una ampu­tación, pierdes parte de tu cuerpo.

P. En Israel hay quien le cree un fanático de la fórmula de los dos Estados.

R. La otra solución solo funciona en Suiza. En Yugoslavia acabó en un baño de sangre. Hubo un divorcio pacífico en la antigua Checoslovaquia. ¿A quién se le ocurre que israelíes y palestinos deben acostarse juntos y hacer el amor y no la guerra? Después de un siglo de matanzas no es posible.

P. No parece que el liderazgo israelí muestre prisa por hallar una solución.

R. Ese es el corazón del conflicto, la falta de liderazgo. Nadie tiene el valor que tuvo [el presidente francés Charles] De Gaulle cuando concedió la independencia a Argelia.

P. ¿Ni los israelíes ni los palestinos?

R. Todo el liderazgo mundial. Por no citar también el de su país…

P. Precisamente iba a preguntarle…

R. No veo líderes valientes en Madrid o Barcelona. Una nueva fragmentación de Europa no me hace feliz. No entiendo por qué, pero si una mayoría del pueblo en Cataluña quiere vivir por su cuenta, lo hará. Puede que sea una gran equivocación, una tragedia para Cataluña y para el resto del país. No se puede obligar a dos personas a compartir cama si una de ellas no quiere.

P. O sea, como en Israel y Palestina.

R. Pienso en Checoslovaquia, fue complicado, pero no hubo guerra. Hasta Escocia quiere un Estado.

P. Entonces, ¿ahora vivimos una era de cobardes y fanáticos?

R. Es un tiempo de simplificaciones. La gente espera respuestas simples y ya no teme parecer extremista. Hace 80 años teníamos miedo de Hitler o Stalin.

P. Si la inmunización que supuso la II Guerra Mundial ya no surte efecto, ¿hace falta una nueva vacuna?

R. No quiero otro baño de sangre. Pero existe el riesgo: el fanatismo conduce a la violencia. Mi librito contiene un miligramo de vacuna: tolerancia y curiosidad. Sonreír de tiempo en tiempo, incluso reírse de uno mismo. No he visto nunca un fanático con sentido del humor.

https://elpais.com/cultura/2018/05/10/babelia/1525954229_531806.amp.html?__twitter_impression=true

viernes, 16 de febrero de 2018

Las corruptelas del abuelo de Cervantes [archivos]

Las corruptelas del abuelo de Cervantes en Cuenca, donde fue teniente de corregidor

El licenciado Juan de Cervantes estuvo en Cuenca entre 1523 y 1524 pero dejó huella de su carácter, de sus tropelías y de su forma de administrar justicia

Esta semana en el espacio de Hoy por Hoy Cuenca ‘Así dicen los documentos’ con Almudena Serrano, la directora del Archivo Histórico Provincial de Cuenca, hablamos de algo que es bastante desconocido. Ni más ni menos que la presencia en Cuenca del licenciado Juan de Cervantes, abuelo paterno de Miguel de Cervantes, el autor del Quijote, y que fue una figura de relieve y, también, con un carácter difícil.

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Las corruptelas del abuelo de Cervantes en Cuenca, donde fue teniente de corregidor

El licenciado Juan de Cervantes estuvo en Cuenca entre 1523 y 1524 pero dejó huella de su carácter, de sus tropelías y de su forma de administrar justicia

Los actores Rulo Pardo y Santiago Moler en la obra 'Rinconete y Cortadillo', sobre una de las Novelas Ejemplares de Miguel de Cervantes, dirigida por Alberto Conejero. / Invierno Cultural de Palencia

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CADENA SER

Cuenca

07/12/2017 - 16:27 h. CET

Esta semana en el espacio de Hoy por Hoy Cuenca ‘Así dicen los documentos’ con Almudena Serrano, la directora del Archivo Histórico Provincial de Cuenca, hablamos de algo que es bastante desconocido. Ni más ni menos que la presencia en Cuenca del licenciado Juan de Cervantes, abuelo paterno de Miguel de Cervantes, el autor del Quijote, y que fue una figura de relieve y, también, con un carácter difícil.

'Así dicen los documentos' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

Sobre Juan de Cervantes, el abuelo del autor del Quijote, se han ocupado algunos autores, siendo uno de ellos Luis Astrana Marín, celebérrimo conquense, fundador de la Sociedad Cervantina, quien junto a otros historiadores dedicaron parte de su obra a publicar los documentos que se conservan en Archivos públicos sobre el licenciado Cervantes. Son, en total, unos 149 documentos de los que no se han conservado cartas y otros escritos suyos.


Por ejemplo, sabemos que debió nacer hacia 1477 pero nada concreto sabemos de sus primeros años ni de su juventud. Probablemente, su matrimonio con Leonor Fernández de Torreblanca tuvo lugar a finales del año 1503 o principios de 1504. De aquel matrimonio nacieron 4 hijos: Juan, Rodrigo (este segundo hijo fue el padre de nuestro más célebre escritor…), María y Andrés.

Juan de Cervantes fue abogado y desde el año 1500 conocemos que tuvo diversos cargos oficiales en Córdoba y que fue abogado del Real Fisco de la Inquisición en aquella ciudad. Luego, según leemos en los autores que han estudiado su figura, entre los años 1509 y 1511 fue teniente de corregidor en Alcalá de Henares, que era un puesto de importancia y prestigio en una ciudad, como mano derecha del Corregidor. Pocos años más tarde vuelve a estar en Córdoba, como Alcalde mayor interino y teniente de corregidor de ella.

Tenemos versiones diferentes del carácter del abuelo de Cervantes porque en unos documentos se le menciona como ‘el virtuoso señor licenciado Juan de Cervantes’ y en otros atisbaremos que los calificativos no le dejan en muy buen lugar, más bien, formando parte de una banda de oficiales que cometían tropelías con los presos y detenidos por la justicia.

Juan de Cervantes en Cuenca

En Cuenca estuvo desde el año 1523 a 1524, pero antes pasó por Toledo, en 1522. Aquí estuvo ejerciendo funciones de teniente de corregidor y de su paso por Cuenca hay testimonios bastante desfavorables para él.

Veamos primero cómo la fama que tuvo en nuestra ciudad tenía precedentes, según los testimonios publicados por Luis Astrana Marín y Rodríguez Marín.

Por un lado, el abuelo del manco de Lepanto fue un hidalgo respetado, que ocupó puestos importantes según hemos dicho y que tuvo una buena posición económica, precisamente por los dineros recibidos por sus funciones, pero la faceta opuesta nos revela un mal carácter que consta en los documentos en los que se refieren acusaciones contra él: denuncias por abuso en su cargo como juez y otras acusaciones por robo y apropiación de bienes de los detenidos, como ropa y muebles. Pero no sólo eso, sino que sus faltas, por supuesto, incluían faltas de respeto, gestos y palabras malsonantes y violentas.

Las acusaciones


Todo esto lo sabemos porque la parte ofendida no callaba, sino que denunciaba. Un ejemplo, que se puede calificar como mala broma, fue cuando un hombre, el licenciado Mariana, cuenta esto: ‘tomó la gorra de encima de la cabeza y me la arrojó por la plaza(…) y me dijo vellaco, villano y otras muchas injurias de que me tengo por injuriado’, todo ello sin motivos aparentes.

A otro le respondió, según el afectado, ‘con mucha furia’ lo siguiente: ‘Yo estaré aquí muchos años aunque os pese, y este tiempo que estuviere yo os malsinaré e yo os cizañaré todo lo que pudiere’. Y, según parece, otras muchas amenazas que vertió.

Y a un regidor de Cuenca le dijo: ‘Dexadle, que yo le haré tales cosas que renuncie a su regimiento’.

Por ejemplo, un tal Miguel Ruiz, que era de Cuenca, acusó al alguacil de Juan de Cervantes de que ‘le tomó una espada dorada que valía dos ducados, e, presso, lo llevó a la cárcel e lo puso tras la red, y el dicho Cervantes fue a la cárcel y mandó que le echasen un cepo a la garganta y una cadena al pie, y lo hizo estar así diez o onze días. Y después que le hizo quitar el cepo, lo ha tenido preso con grillos y cadenas hasta agora por tiempo de cuatro meses y medio, sin hacerle poner demanda ni acusación en todo este tiempo’.

Este es uno de los testimonios que recoge Astrana Marín en su obra y que es sobradamente elocuente de las artes que se gastaba el teniente de corregidor y de las órdenes que daba a los oficiales de justicia que le ayudaban en sus quehaceres.

Su versión

El tal Miguel Ruiz fue a prisión porque acabó con la vida del alguacil mayor de la ciudad y parece ser que el cepo que se le puso fue ‘por su contumacia de no querer responder’ ante el escribano que le tomaba nota de la declaración. Según Juan de Cervantes, si Ruiz fuera castigado como debiera, no fueran muertos a cuchilladas hasta hoy doce o trece alguaciles (…) En ninguna ciudad se han hecho tantos desacatos a la justicia como en ésta’.

Si hacemos caso a los expedientes judiciales que se conservan y a las palabras del licenciado Cervantes, podemos decir que el orden en la calle en Cuenca andaba bastante revuelto.

Tenemos el caso de Diego Cordido, que publicó el historiador Rodríguez Marín, en que este hombre se queja del tormento al que fue sometido por Juan de Cervantes ‘más con ánimo de hacerme daño e de atormentarme mis carnes que no con celo de administrar justicia’. Y así fue que Diego Cordido pidió veinte ducados que perdió por no haber podido trabajar en su oficio, y que Juan de Cervantes fuera castigado criminalmente.

Así, Juan tuvo que pagar los 20 ducados por haber prendido a Diego ‘sin que procediese información y teniéndole preso muchos días y haberle puesto a questión de tormento sin indicios’.

En todos los casos que hubo de acusaciones contra Juan de Cervantes, él siempre contestaba y en los fallos en su contra siempre apelaba. Según escribió otro autor que ha estudiado su figura, Krzysztof Sliwa, no se puede asegurar que no abusara o se beneficiara de los cargos que ejerció en determinadas ocasiones, como vemos reflejado que sucedía con las autoridades descritas por su célebre nieto, Miguel de Cervantes en sus obras. Aunque también es posible que el mal hacer de los alguaciles que tuvo le salpicase en muchas ocasiones.

Otro ejemplo

Uno de los conquenses afectados fue, Diego Cordido, que se querelló criminalmente contra el licenciado Cervantes, y que detalló así el suceso:

‘El dicho licenciado Juan me hizo subir a la cámara del tormento donde acostumbra atormentar los malhechores, y teniéndome allí así me hizo desnudar en carnes y tender en la escalera del tormento, y estando como estaba así puesto en la dicha escalera, yo le dije que ponía sospecha en el dicho licenciado Cervantes y en el alguacil mayor Lope Méndez, y en todos los otros oficiales de la justicia desta ciudad, y juré en forma la dicha sospecha, porque temía ser más agraviado por el dicho licenciado Cervantes por lo que de presente contra mí hacía’.

No obstante, sigue relatando que parece que, sin causa ni razón, el licenciado Cervantes, y estando desnudo el tal Diego Cordido en la escalera de tormento, lo hizo atar y le apretó con la mano muy fuerte los cordeles, y de la otra parte estiraba el alguacil, ‘usando amos a dos contra mí del oficio que usan los verdugos’.

Y continúa contando en ese documento lo siguiente:

‘Y aunque yo estando en el dicho tormento pedí y requerí al dicho licenciado Cervantes que no me despedazasen ni atormentasen ansí porque dijese mentira (…) y que, si alguna cosa dijere por miedo al tormento, que no sería verdad, y que si contra él procedían apretallo más en el tormento, que le harían decir del temor lo que nunca hobiese visto ni oído.

Y no obstante todo lo susodicho, el dicho licenciado Cervantes con su alguacil, más con ánimo de hacerme daño y de atormentarme mis carnes que no con celo de administrar justicia, me apretaron reciamente cada cual de su parte los dichos cordeles, hasta que me los lanzaron bien por la carne, de tal manera, que estuve muy muchos días malo y muy atormentado de mis miembros, que no podía hacer cosa ninguna ni me podía valer de dolor, y me duraron las señas que me hizo más de tres meses’. Este testimonio fue publicado por Luis Astrana Marín, junto con otros documentos cervantinos.

Este tal Cordido estuvo 3 meses en la cárcel de Cuenca y después gastó más de 20 ducados en trabajar y ganar en su oficio y otros 10 en curarse del daño que había recibido. Por consecuencia, requirió al juez que condenara al licenciado Cervantes ‘a las mayores y más graves penas en este reino y que no le acusaba maliciosamente al licenciado Juan, sino por obtener el cumplimiento de justicia’.

Además, y según apuntamos, parece que el licenciado Juan de Cervantes tuvo a una banda de criminales a su servicio que, aprovechando su oficio, y en más de una ocasión, en lugar de ejercer la justicia ocasionaban daños y actos delictivos. El caso es que en casi todos los procesos de residencia se actuaba no sólo contra Cervantes, sino contra los alguaciles que tuvo a sus órdenes.

En el Archivo Municipal de Cuenca se conserva un expediente por el que sabemos que a Juan de Cervantes se le sometió a juicio de residencia, que era un procedimiento judicial para averiguar cómo había ejercido el cargo. Según este documento, Pedro Enríquez, vecino de Cuenca, notificó al Corregidor:

‘Como contra el licenciado Cervantes, teniente que fue de corregidor de esta ciudad, están dados muchos e diversos capítulos e han puesto muchas demandas e se esperan muchas más contra él, como contra los alguaciles, e para esto son pocos días los que restan, que pide e requiere, luego otorguen petición en nombre de ciudad para que Su Majestad mande prorrogar la residencia a lo menos por otros treinta días para que los querellosos de la ciudad e tierra que aún no lo saben vengan a pedir justicia, e habiéndolo así harán lo que son obligados a buenos gobernadores que quieren que se haga justicia a los agraviados. En otra manera protesta de lo notificar a Su Majestad e desagraviar de ello para que lo manden proveer’.

Juan de Cervantes cambió de lugar de trabajo con frecuencia ¿Puede deberse este trasiego a ese carácter arisco y los problemas que derivaban en los lugares donde estuvo? Es probable. En todo caso, es cierto que esa inquietud y andanzas fueron así durante toda su vida, que no recaló en sitio alguno, algo que también sucedió con su hijo, Rodrigo, el padre del gran Miguel de Cervantes, y de este mismo, que no tuvieron residencia fija al uso de la época.


Texto original: http://cadenaser.com/emisora/2017/12/07/ser_cuenca/1512660424_924946.html?ssm=whatsapp

miércoles, 4 de octubre de 2017

José Emilio Pacheco: "Las ruinas de México"

I. Las ruinas de México (Elegía del retorno)

1
Absurda es la materia que se desploma,
la penetrada de vacío, la hueca
No: la materia no se destruye,
la forma que le damos se pulveriza,
nuestras obras se hacen añicos
La tierra gira sostenida en el fuego
Duerme en un polvorín
Trae en su interior una hoguera,
un infierno sólido
que de repente se transforma en abismo
La piedra de lo profundo late en su sima
Al despetrificarse rompe su pacto
con la inmovilidad y se transforma
en el ariete de la muerte
De adentro viene el golpe, la cabalgata sombría,
la estampida de lo invisible, explosión
de lo que suponemos inmóvil
y bulle siempre
Sopla de abajo el viento de la muerte,
el estremecimiento de la muerte
Sale la tierra de sus goznes de muerte
Como secreto humo asciende la muerte
De su profunda jaula escapa la muerte
De lo más negro y hondo brota la muerte
El día se vuelve noche,
el polvo es el sol
y el estruendo lo llena todo
Y de repente lo más firme se quiebra,
se vuelve movedizo el concreto armado,
como hoja de papel se rasga el asfalto
La casa que era defensa contra la noche y el frío,
la violencia de la intemperie,
el desamor, el hambre y la sed
se transforma en cadalso y tumba
Sus habitantes quedan prisioneros,
sepultados en vida por la muerte,
sin otra compañía más que la asfixia
Sube el infierno a repartir la muerte
El Vesubio estalla por dentro
La bomba asciende en vez de caer
Brota el rayo del centro de la tierra
Cosmos es caos pero no lo sabíamos
o no pudimos entenderlo
El planeta al girar desciende
en abismos de fuego helado
¿Gira la tierra o cae? ¿Es la caída
infinita el destino de la materia?
Somos naturaleza y materia y sueño
y por tanto
somos lo que desciende siempre:
polvo en el aire.

2

De aquella parte de la ciudad que por derecho
de nacimiento, crecimiento, odio y amor
puedo llamar la mía (a sabiendas
de que nada es de nadie)
no queda piedra sobre piedra
Esa que allí no ves, que no está
ni volverá a alzarse nunca
fue en otro mundo la casa
donde nací
La avenida que pueblan damnificados
me enseñó a caminar Jugué en el parque
hoy repleto de tiendas de campaña
Terminó mi pasado
Las ruinas se desploman en mi interior
Siempre hay más, siempre hay más
La caída no toca fondo

3

Para talar un árbol de cierta edad
no comiences nunca
por el durísimo tronco:
primero corta las raíces,
el cordón que ata al árbol con la tierra,
madre, sustento y memoria
Para que exista el árbol ha de haber tierra
Para vivir necesitamos memoria,
raíz, cordón (sentimental, material)
es decir, todo aquello
que derribó el inmenso hachazo en segundos

4

A los amigos que no volveré a ver,
a la desconocida que salió a las seis
de la colonia Granjas-Esmeralda o de Neza
para ir a su trabajo de costurera o mesera;
a la que iba a la escuela para aprender
computación o inglés en seis meses,
quiero pedir disculpas por su vida y su muerte
Ruego que me perdonen porque nunca encontraron
su rostro verdadero en el cuerpo de tantos
que ahora se deshacen en la fosa común
y dentro de nosotros siguen muriendo
Muerto que no conozco, mujer desnuda
sin más cara que el yeso funeral,
el sudario de los escombros, la última
cortesía del infinito desplome;
tú, el enterrado en vida; tú, mutilada;
tú que sobreviviste para mirar
primero la caída y poco después
la intolerable asfixia: perdón
No pude darles nada
Mi solidaridad de qué sirve
No aparta escombros, no sostiene las casas
ni las erige de nuevo
No puedo darles nada
Pido, al contrario,
para salir de mis tinieblas, la mano imposible
que ya no existe o ya no puede aferrar
pero se extiende todavía
en un espacio del dolor o un confín de la nada
Perdón por estar aquí contemplando,
en donde estuvo un edificio,
el hueco profundo,
el agujero de mi propia muerte

5

La tierra desconoce la piedad
El incendio del bosque o el suplicio
de un pobre insecto bocarriba que muere
de hambre y de sol durante muchos días
son insignificantes para ella
—como nuestras catástrofes
La tierra desconoce la piedad
Sólo quiere
permanecer transformándose

6

Sólo cuando nos falta se aprecia el aire
Sólo cuando quedamos como el pez atrapados
en la red de la asfixia
No hay agujeros
para volver al mar que fue el oxígeno
en que nos desplazamos y fuimos libres
El doble peso del horror y el terror nos ha puesto
fuera del agua de la vida
Sólo en el confinamiento entendemos
que vivir es tener espacio Hubo un tiempo
feliz en que podíamos movernos,
salir, entrar y ponernos de pie o sentarnos
Ahora todo encogió, cerró
el mundo sus accesos y ventanas
Ahora entendemos lo que significa
una expresión terrible: sepultados en vida

7

Con qué facilidad en los poemas de antes hablábamos
del polvo, la ceniza, el desastre y la muerte
Ahora que está aquí ya no hay palabras
capaces de expresar qué significan
el polvo, la ceniza, el desastre y la muerte

8

Secamos toda el agua de la ciudad, destruimos
por usura los campos y los árboles
En vez de tierra a nuestras plantas quedó
un sepulcro de fango árido
y rencoroso, malignamente incapaz
de amparar lo que sostenía
La ciudad ya estaba herida de muerte
El terremoto vino a consumar
cuatro siglos de lentas destrucciones

9

Entre las grandes lozas despedazadas, los muros
hechos añicos, los pilares, los hierros,
de pronto vi intacta, ilesa
la materia más frágil de este mundo:
una tela de araña

10

Para los que ayudaron, gratitud eterna, homenaje
Cómo olvidar —joven desconocida, muchacho anónimo,
anciano jubilado, madre de todos, héroes sin nombre—
que ustedes fueron desde el primer minuto de espanto
a detener la muerte con la sangre
de sus manos y de sus lágrimas;
con la conciencia
de que el otro soy yo, yo soy el otro,
y tu dolor, mi prójimo lejano,
es mi más hondo sufrimiento
Para todos ustedes, acción de gracias perenne
Porque si el mundo no se vino abajo
en su integridad sobre México
fue porque lo asumieron
en sus espaldas ustedes
Ustedes todos, ustedes todas, héroes plurales,
honor del género humano, único orgullo
de lo que sigue en pie sólo por ustedes
Reciba en cambio el odio, también eterno, el ladrón,
el saqueador, el indiferente, el despótico,
el que se preocupó de su oro y no de su gente,
el que cobró por rescatar los cuerpos,
el que reunió fortunas de quince mil millones de escombros
donde resonarán por siempre los gritos
de quince mil millones de muertos

11

Las fotos más atroces de la catástrofe
no son las de los muertos
Hemos visto ya demasiadas
Este es el siglo de los muertos
Nunca hubo tantos muertos sobre la tierra
¿Qué es un periódico
sino un recuento de muertos
y objetos de consumo para gastar
la vida y el dinero y ocultarnos en ellos
contra la omnipotencia de la muerte?
No: las fotos más atroces de la catástrofe
son esos cuadros en color donde aparecen muñecas
indiferentes o sonrientes, sin mengua, sin tacha,
entre las ruinas que aún oprimen
los cadáveres de sus dueñas, la frágil vida
de la carne que es como hierba
(ya ya fue cortada)
Invulnerabilidad de los plásticos,
indestructibles sin duda,
pero que en este caso tuvieron hombre
y existencia de alguna forma
Acompañaron, consolaron, representaron la dicha
de aquellas niñas que sin saberlo nacieron
para ver su futuro desplomándose
en el fragor de este fin del mundo

12

Del edificio que destripó en su furia inconsciente
al embestir el toro de la muerte
brotan varillas como raíces deformadas
Sollozan hacia dentro
por no ser vegetales,
capaces de hundirse en tierra y renacer,
a fuerza de paciencia reconstruirse
y levantar lo caído
Raíces inorgánicas esas varillas
que nada más soportan
su irremediable vergüenza
Se dejaron vencer por un doble peso:
la corrupción y la catástrofe
No son nudosidades de árbol caído:
son flechas
que apuntan a la cara de los culpables

13

El lugar de lo que fue casa lo ocupa ahora
un hoyo negro (y representa al país entero)
Al fondo de ese precario abismo yacen
escombros y basura y algo brillante
en la viscosa noche sin piedad que nos cayó encima
Me acerco a ver qué arde amargamente en el fondo
y descubro mi propia calavera

14

Hay terror en la luna que brilla plena entre escombros
Porque la luna es un desierto redondo, un espejo
de lo que nuestra tierra será algún día
Ni árbol ni pájaro
Continentes de arena helada, mares sin agua
Rocas toda mudez, toda ceguera
Sólo silencio
Sólo silencio que por fin ha anulado,
innumerable, el gran clamor de los muertos

15

No he vuelto a ver gorriones,
los ocelados sin ley ni hogar ni futuro
que eran los dueños de la calle, los amos
de los árboles moribundos
y las cornisas en ruinas
No he vuelto a ver gorriones ni palomas
Hoy esta es la ciudad de las moscas azules
Enjambran, tejen, amotinan, deslíen
su recocó zumbante las moscas azules
en su traje de luces que un día también
será bordado en mi taller de tinieblas
Minueto, rumba, vals de circo o marcha guerrera,
vibra la danza de las moscas azules
en esta que es ahora la ciudad de los muertos
Ángeles condenados al subsuelo y hoy al escombro
abejas poderosas: todas son reinas
Qué democracia la de esas moscas azules
Qué poderío el de e las incansables que retan
con el color y el zumbido
Qué saber y gobierno de las moscas azules,
las dueñas y señoras de este valle de México
La dictadura de las moscas azules,
omnipotentes victoriosas, vencedoras soberbias,
la siempre invicta fuerza aérea implacable,
el orgullo más grande y más humilde
entre las huestes de la muerte
Ellas no tienen miedo de la noche de México
Son las nuevas luciérnagas Se adueñan
de las tinieblas y las hienden brillando
Sólo las moscas
reinan entre el estrago y se adueñan de todo
Las flores del desastre, las pregoneras
de los muertos que hay en el aire
La hija de la muerte se va a morir también
Patalea la mosca azul agonizante que expira ahíta
del cadáver en que nació
Ha devorado
todo su capital pero también ha cumplido
con su deber y su ética
Nació para ultimarnos, para limpiar
el mundo de la carroña que finalmente somos
No hay mosca azul para la mosca azul
El triunfo de la muerte beneficia por último
a las dueñas del mundo: las hormigas

16

El niño que se aburre en el jardín avizora
la columna de hormigas Van al trabajo
e intercambian informaciones
Qué gran esfuerzo
llevar a cuestas su brizna o su fragmento de mosca
Qué ordenado parece desde allá arriba
este mundo de hormigas (en su interior
ha de ser como otro cualquiera
y bullir en discordia, tedio, ansiedades,
aguda conciencia
de la mortalidad de todo y todos)
En la visión del niño estas hormigas
semejan partes de un reloj Y él va a romperlo
Como una forma de poder imbatible
el niño aplasta
las casas, las columnas, las galerías
Gran cataclismo para ellas Y a unos centímetros
el mundo sigue igual Crecen las hojas,
el árbol se endurece en su quietud
cae el polvo en la luz, el tiempo gira
—y la ciudad de hormigas ya no existe,
ya sólo es un montón de ruinas dolientes
y diminutos seres que padecen
su agonía entre escombros
El niño, concluida su labor,
se dispone a algún otro juego

17

Esta ciudad no tiene historia,
sólo martirologio
El país del dolor,
la capital del sufrimiento,
el centro deshecho,
el núcleo del desastre interminable
Jamás aprenderemos a vivir
en la epopeya del estrago
Nunca será posible aceptar lo ocurrido,
hacer un pacto con el sismo, decir:
“lo que pasó pasó y es mejor olvidarlo;
pudo haber sido peor, después de todo
no son tantos los muertos”
Pero nadie se traga estás cuentas alegres
Nadie cree en el olvido
Estaremos de luto para siempre
Y los muertos
no morirán mientras tengamos vida.
Fuente: Revista Proceso
Video: https://www.mexicodesconocido.com.mx/las-ruinas-de-mexico-los-poemas-de-jose-emilio-pacheco-sobre-el-sismo-en-mexico-85.html